El día de Juan

Entre la celebración del nacimiento de Jesús en el pueblito de Nazareth y la celebración del inicio de un año nuevo hay una semana. A cada día de esa semana se le asignó una celebración especial, siendo la primera dedicada al primer héroe que, reconociendo que un rato de sufrimiento era válido para obtener la gloria que nunca termina, estuvo dispuesto a morir apedreado. Ese héroe se llamó Stephanos, San Esteban. No espero que a nosotros nos pidan eso, pero sí estamos invitados a sobrellevar con esa misma fe estos meses de tribulaciones provocadas por un virus que Dios permitió que nos atormentara.

El segundo día es dedicado a recordar a Juan (o Johanan), el hermano menor de Santiago (o Jacobo) y miembro del grupo de pescadores de Simón (después llamado Pedro). Su papá Zebedeo era el dueño de la barca (tal vez hasta tenía más de una) y de las redes, o sea que era riquillo. Trabajaban en el mar de Galilea y vivían a lo orilla de ese gran lago, en un pueblo llamado Cafarnaum. Hoy es posible visitar los restos de lo que se cree fue la casa de Pedro.

Este cuate llamado Juan fue alumno de Jesús, miembro predilecto de su grupo cercano. Hay quien dice que antes fue alumno de otro Juan, el primo de Jesús que llamamos “el bautista”. Se dice que su mamá fue Salomé y que también fue parte del grupo de seguidores, se le menciona varias veces en los evangelios (era pretenciosa, le pidió a Jesús que sus hijos se sentaran a su lado en el Reino). Juan y su hermano eran de armas tomar, no en vano Jesús les llamó “Boanerges”, que quiere decir “hijos del trueno”. Entiendo que eso les proporcionó mucha fortaleza espiritual y liderazgo.

Junto con su hermano Santiago y con Pedro (a veces junto a Andrés), Juan fue del grupo más cercano, las columnas del grupo de los primeros cristianos, de los elegidos para presenciar la resurrección de la hija de Jairo, la transfiguración, la pesca milagrosa en el lago de Tiberíades (ya con Jesús resucitado). Este alumno tal vez fue el más jóven del grupo y fue tan especial, que en la agonía Jesús le encarga a su mamá. Se dice que escribió el cuarto evangelio, el libro del Apocalípsis y tres cartas más que forman parte del Nuevo Testamento, fue el discípulo más querido de Jesús. Según Jerónimo (el que tradujo la Biblia al latín) en la ancianidad ya no podía caminar por lo que era llevado cargado a las reuniones de fieles y siempre enseñaba lo mismo “ámense unos a otros”. Tal vez aburridos de siempre oir lo mismo le preguntaban “¿Por qué siempre dices lo mismo?” y la respuesta era simple: “porque ese es el mandato de Dios”.

Tuvo fuertes enfrentamientos con el emperador Domiciano (un gobernante cruel que se llamaba dios a sí mismo), por lo que fue condenado a morir y lo metieron en aceite hirviendo, martirio del cual salió ileso. Como no lo pudo matar, Domiciano lo desterró a la isla de Patmos (ya no intentó matarlo, no fuera a ser que volviera a manifestar el favor de Dios y se salvara de nuevo), de donde salió cuando el emperador fue asesinado y pudo regresar a Éfeso.

Ahí murió, en la cuarta metrópoli del Imperio Romano. Se le festeja y recuerda el 27 de diciembre de cada año. Honor a quien honor merece, hay mucho qué estudiar y saber respecto a Juan hijo de Zebedeo, uno de los héroes de la cristiandad.

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