¡Piedad!

¿Qué es lo mejor que podemos hacer por los hijos? “Darles una mediana educación”.

Conviene incluir la espiritualidad en esa educación, inculcar piedad. El mundo les hablará diferente, mostrará la maldad y ocultará la piedad, y será muy sencillo que nuestra descendencia tome un camino que, creyéndolo conveniente, sea lleno de maldad. Aún sin practicar la maldad,

Dice la historia que, cuando el Rey David estaba a punto de morir, habla con su hijo Salomón y lo instruye a tener valor y ser todo un hombre. Le recordó que convenía seguir los mandamientos que Dios le dio a Moisés, recordando también que Dios le prometió que siempre habría un descendiente suyo en el trono del reino si su voluntad era cumplida.

Al ser tan evidente, de repente no es fácil ver que el cuidado espiritual que tenemos en la vida diaria, impacta directamente en los beneficios que tenemos en la vida. Hacer las cosas en nombre de Dios nos vuelve poderosos. Alabar, pedir, meditar y orar, luego meditar, orar y volver a alabar y pedir es una receta que se comprueba todos los días: funciona. Ni siquiera es necesario invertir tiempo, solo hay que vivir 24/7 de acuerdo a ello, todo el tiempo con conciencia plena del momento presente, observando las obras de Dios, observando cómo se mueve el universo. Observando a los seres justos (la piedad), y observando también el movimiento de la maldad.

Cuando Jesús estuvo en la tierra, nos prometió que todo lo que pidiéramos en su nombre nos sería concedido. Solo funciona cuando estamos seguros que funciona. No funciona a veces, funciona siempre, pero si dudamos, eliminamos la efectividad. Recordar que tenemos autoridad, un poder basado en la fe.

Ya después, hay que ser agradecidos. Dar gracias a Dios es otra de las llaves de la felicidad: nadie puede estar agradecido y triste al mismo tiempo.

Óiganlo bien, seré terco. Si no hacen caso, “sacudiré el polvo de mis pies” cuando salga de este mundo.

PD: La palabra etimología de la palabra piedad indica que viene de la palabra latina pietas, la forma del sustantivo del adjetivo pius, que significa devoto o bueno, y agrega el sufijo abstracto “dad” que indica cualidad. Es evidente que es lo contrario de la maldad.

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