Se dice que los justos encontrarán la paz. Cuando los que tienen poca fe despiden a un ser querido, es muy común que lo vean como un abandono, una pérdida, una derrota. Tal vez ese sentimiento provocado por las emociones de la separación se fundamente en la falta de paz de los que nos quedamos en este mundo, un activo que deberíamos atesorar. Es lo que los antiguos llamaban “la paz de Dios”, no es la paz de los hombres.

En términos de lo que normalmente pensamos, la palabra paz puede significar ausencia de guerra, ausencia de conflicto. En lugar de ausencia, la paz de Dios es la plenitud que proporciona la identificación con el Espíritu sustituyendo la identificación con la mente, una identificación que nos permite vivir en paz y en plena felicidad, y viendo la vida desde este punto de vista, es imposible dejar de buscar la plenitud que proporciona la paz de Dios. La pregunta es

¿Cómo logramos esa plenitud?

¿Cómo nos identificamos con el Espíritu?

¿Cómo nos des-identificamos de la mente?

¿Cómo cuidamos de nuestra propia paz y de nuestra felicidad?

Mi respuesta tiene dos componentes: decisión y práctica. Es decir, si para cualquiera de ustedes resulta obvio lo que aquí planteo (la paz de Dios proporciona una plenitud de felicidad infinitamente superior al concepto convencional de paz), entonces debe ser fácil decidir vivir en paz. Por supuesto, uno de los resultados de la paz de Dios es la ausencia de conflictos, pero el resultado completo es muy superior. De esta forma, es necesario realizar una decisión personal de vivir la paz de Dios. Y una vez tomada la decisión, es necesario practicar para lograr un estado espiritual y mental conveniente a esa decisión.

Es decir, acostumbrar a la mente a que nuestra faceta “no manifestada” (la espiritual, la que no puedo ver ni tocar pero sabemos que existe) tiene prioridad sobre nuestra faceta “manifestada” (la mental, la humana, la física, la visible), y para ello es muy conveniente hacer ejercicio, practicar.

Algunas recetas para practicar son conocidas. Orar, meditar, alabanza, ejercer su poder. El poder de la alabanza y el poder de la atracción (que no es otra cosa más que pedir con la convicción de que vamos a recibir lo que pedimos).

Si este día he podido convencerte de que vale la pena tomar la decisión de que conviene tener la paz de Dios, esta semana desarrollaremos algunos escritos y otras herramientas para practicar.

Ojalá me dejen un comentario para ayudarme.

2 respuestas a “Decisión y práctica de 7 días

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