Día 3 – trabajando

Para la mayor parte de nosotros, el trabajo ocupa una muy alta proporción en cuanto a dedicación de tiempo durante un día normal. Luego vienen los días de descanso, en los que podemos invertir más tiempo a atender nuestra parte no manifestada, pero antes podemos ejercitar nuestra mente para tener una observación de las actividades diarias, y hacer de ello una práctica meditativa muy efectiva para mantenernos dentro del círculo que domina la paz de Dios.

El primer consejo es que, desde que nos estamos preparando para ir a trabajar, recordar que el que nos contrata es el mismísimo Dios, nadie más. El trabajo lo hacemos para Él, y si así lo consideramos, de Él recibiremos el pago. Es tan simple, que parece complicado. Estamos acostumbrados a trabajar y cobrar en el mundo completamente terrenal (que nunca nos paga suficiente), y si exportamos esto a la parte espiritual, el pago será extraordinariamente generoso. En términos económicos, en términos de paz, felicidad y amor. Todo el paquete.

La práctica es como sigue: Cada 60 minutos dedicamos 1 a observar la respiración, lo más en privado posible. Después dedicamos otros 60 segundos a repetir que el trabajo lo hacemos para Dios (no para nosotros, no para ningún otro ser de este plano) y agradecer las bendiciones que estamos recibiendo. Como medicina, 8 veces al día.

El resto del tiempo, los 58 minutos restantes, nos proponemos contemplar concientemente todo lo que hacemos. Si tenemos que bajar las escaleras para llevar un papel, podemos hacerlo observando todos nuestros pasos (“izquierda, derecha”) o repitiendo “bajando… bajando…”. Lo mismo al subir. Si tienes que marcar un teléfono, hazlo conciente y observando cada movimiento. Si vas a estudiar o leer un documento, hazlo inmediatamente después de los 2 minutos de práctica y agradece tu concentración, luego lee en forma consciente.

Las reuniones son oportunidades más grandes de una práctica meditativa. Durante cualquier reunión, recuerda para quién trabajas. Eso evitará el enojo. Al terminar la reunión, toma conciencia de los avances presentados, los logros y acuerdos que produjo la reunión, y agradece. No hay forma de ser agradecido y triste al mismo tiempo, así que eso te hará feliz. Y los demás lo notarán.

¡Cuidado! Durante cualquier reunión puede aflorar el saco de dolor de cualquiera de los asistentes y de inmediato, ese ente que tiene voluntad propia, intentará conectarse con tu propia bolsa de dolor producto del pasado. Si esto sucede, perjudicará los resultados de la reunión y saboteará tu felicidad, sin embargo el remedio llega de inmediato cuando observas conscientemente que es el cuerpo del dolor de la otra persona el que está actuando (y tal vez atacando), no es la otra persona misma. Al observarlo y darte cuenta de ello, evitarás que se conecte contigo y podrás seguir funcionando adecuadamente.

Un tema muy relacionado con el trabajo y la vida diaria es la compasión. Para no aburrir ni cansar, que sea tema de otro día.

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